El Capitán Era Pez explora la pérdida violenta de una promesa, la decepción y las formas en que el cuerpo se reconstruye después de una ruptura abrupta. El título surge del cruce entre una frase de origen militar y el modismo inglés "to have a cow", que describe una reacción exagerada ante un hecho. Acá se suma la figura del capitán, símbolo de mando, dirección y sentido, pero aparece desplazada y fallida: lejos de ser una guía, está perdido.
La colección no propone un relato de superación ni un regreso idealizado. Lo que aparece es una observación más frágil y precisa: incluso después de la erosión, algo queda. Las prendas sostienen esa persistencia mínima, casi terca. El tiempo en ellas no se borra ni se redime; se acumula. En un presente marcado por el individualismo, la obsolescencia y el cambio violento, esta colección se planta como un acto de resistencia poética. Su búsqueda está en proponer la empatía como un valor humano capaz de transformar. Es en esa acumulación donde el proyecto afirma su idea final: recuperar el cuerpo, aun cuando la salvación no parece cerca.